En la pasada edición de Intur (Feria de Turismo de Interior) se debatió este tema en los llamados microdebates. Imagino que el objetivo de este debate era plantear cómo relanzamos un sector que debido muchas veces a la nefasta intervención institucional, Castilla y León es el ejemplo paradigmático en este tema, se encuentra en una crisis estructural por sobreoferta. La solución sólo parece que pasa por una guerra de precios calcada de los hoteles por la dejación de su comercialización en touroperadores y no por el control del intrusismo y la ilegalidad consentida, por la clarificación normativa del sector por la promoción imaginativa de destinos, por la señalización de rutas, de caminos, de mapas….
El turismo rural, a mi enternder, es un poliedro que abarca desde los alojamientos, restaurantes, oficinas de turismo, señalización, horarios de apertura de sitios y lugares, mapas y un largo etc. Pero se toma la parte por el todo y el turismo rural son los alojamientos rurales. Y así es fácil el siguiente paso: el problema del sector somos los establecimientos. Se nos dice que escuchamos poco a nuestros clientes, que adolecemos de profesionalidad, que no podemos ofertar sólo pernoctar en el campo, que debemos especializarnos, modernizarnos o arcaizarnos (todo al mismo tiempo o depende de lo que marque la subvención europea: calidad, centrales de reservas, grupo trino, ninfa…).
Yo no digo que no a nada. Pero honestamente estoy un poco cansada de que los vientos del turismo rural estén en mofletes de personas que muchas veces ni siquiera conocen el sector, aunque vivan de él y que muchas veces lo perjudican.
Siempre que se plantea el tema de lo rural y lo urbano en el turismo rural se hace con un cierto tono de reproche, como si las personas que hemos nacido en la ciudad fuéramos intrusos en lo rural y estuviéramos desvirtuando un mundo idílico hacia la “hotelización”, permitaseme la expresión o bien todo lo contrario.
Hace unos años, no demasiados, muchos teníamos un pueblo. Nuestra niñez, nuestras vacaciones, nuestros recuerdos incluso familiares estaban unidos al campo.El olor de la cocina de nuestra abuela que todavía embotaba aunque viviera en una ciudad, cocinaba alubias sin olla, y almacenaba aceite, chorizo y jamón como si fuera a volver la guerra permanecen en nuestro recuerdo. Las vacaciones en el pueblo, las tormentas, el olor de la tierra, las reuniones desgranando habas, los huevos comidos directamente del gallinero, las inmensas siestas de los adultos crearon un imaginario que muchos tratan, tratamos de revivir.
Nuestros clientes, es una opinión, son personas como yo con esos recuerdos, pero también las que ya no tienen pueblo o que no lo han tenido nunca. Personas que viven en ciudades y que siguen pensando que el contacto con la naturaleza, el silencio, el arte o simplemente el no hacer nada son logros suficientes para un fin de semana.
El único estudio en torno a los deseos de los viajeros lo hizo un afamado portal de internet. Curiosamente lo que más valoraban los usuarios era la limpieza, la tranquilidad, el trato cercano y lo que menos las actividades que se oferten.…en fin cosas que constatamos los que vivimos de esto en el día a día con nuestros huéspedes. Sin embargo los próceres del turismo nos dicen que debemos vender “paquetes” Es decir, que el señor que venga a casa se asemeje a un japonés que quiere ver 7 ciudades europeas en 3 días o que se le organice actividad tras actividad (tirolina, avistamiento de animales como por encargo, juegos de rol o lo que sea)…agotador, y luego en casa, con la cámara ver en fotos lo que no ha visto en el sitio.
Cuando íbamos a casa de los abuelos, nuestras propias casas no eran mucho mejores que las de los pueblos. Estufas, bañeras, poca luz, espacios pequeños. Pero ahora vivimos en lugares confortables, la mayoría con cómodos utensilios, con camas con canapés y edredones, duchas, calefacción y acceso a internet. Y lógicamente no pagaríamos por ir a lugares peores que nuestras propias casas. Así pues no se debe criticar que las casas rurales tratemos de ofrecer al viajero, al menos, lo que tienen en sus casa. Lo rural, lo más rural no es sinónimo de rústico. De hecho eso denota que los que hablan no viven en pueblos. En el mío hay conexión a internet, todos tienen televisión/es, calefacción y arcones congeladores, muebles cómodos y modernos, porque la antigüedad y lo rústico no son la mesa camilla, ni las trillas de mesa (por cierto no conozco un sólo campesino que lo tenga en casa)
En el turismo rural hay de todo. Como de todo hay entre nuestros clientes. Y separar el polvo de la paja comienza por no plantear debates a bulto que no ayudan sino que enturbian el difícil universo del turismo.Cuando se plantean debates como este yo siempre me pregunto si cuando hablan de turismo rural lo hacen de las casas de alquiler completo donde en general (y en todo hay excepciones, que no se enfade nadie) los propietarios se limitan casi a la entrega de llaves y recogida de las mismas, donde hay propietarios que regentan 3 o más casas y algunos ni viven en los pueblos o si se refieren a las casas de alquiler por habitaciones que tratamos con nuestros clientes ofreciéndoles conocimiento de la zona, rutas, desayunos y cenas donde tratamos de promocionar los productos locales y de nuestras propias huertas. Que vivimos en esas mismas casas y participamos en el día a día de nuestros pueblos y comarcas. No digo que sea mejor, digo que es diferente. Y entonces pregunto…¿De qué hablan ellos cuando hablan de turismo rural? ¿Por qué hablan tan a bulto? Me pregunto muchas cosas.







Estoy totalmente de acuerdo con todo lo que comentas, es más, todavía voy un poco más lejos y me pregunto: ¿cuando las administraciones van a tomarse el turismo rural como un negocio? estoy cansado de pagar impuestos,seguridad social, etc… y todo por querer vivir de esto.
Tengo/tenemos la competencia desleal en el propio sector.
Es muy fácil bajar precios si no tenemos unos gastos fijos antes comentados.
Turismo rural, ¿Hobby o profesión? http://blog.elrincondelatalega.es/2010/06/congreso-nacional-de-turismo-rural.html
Un saludo desde la tranquilidad de la Sierra…
Santi