Parece que ha pasado el mal tiempo. El campo está lleno de tractores que se afanan en cortar la hierba ¡por fín pueden! Llevan desde el lunes mañana, tarde y noche. El miedo de que llueva y estropee la hierba que está cortada, tendida secándose al sol hace que que el trabajo sea incesante.
Un espectáculo digno de verse.
Los pájaros: cigüeñas, milanos reales y negros, águilas culebreras y un sin fin de otros pequeños, grande y medianos sigue y sobrevuelan a los tractores. Los insectos, los ratoncillos, las culebras quedan en segundos al descubierto. Un festín para ellos y un verdadero placer para nuestros ojos. Parece que el ser humano, con sus máquinas y sus inventos forman parte de una cadena alimenticia impensable pero absolutamente eficaz.
Otros pájaros anidan en nuestra casa y entre nuestras tejas. Un nido de colirojos han elegido las vigas de nuestro porche para su ruidosa prole. Muy graciosos. Sacan la cabeza peluda y su pico naranja y arman un estruendo nada proporcionado a su tamaño. Madre y padre…pobres…no hacen más que ir y venir por comida y esperan pacientes en la valla a que estemos a una, ellos entienden, prudente distancia. Compartimos espacio, pero sin mezclarnos.
Hoy me he asonado al nido y he observado tres, para mi gusto y para el tamaño del nido, tremendos polluelos (no eran de cuco usurpador). He pensado que a lo peor tanto contacto con los humanos ha hecho que adopten esa terrible costumbre nuestra de no irse nunca del nido…tengo que hablarlo con señor y señora colirojos. Hasta ahí podíamos llegar.






