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Si has llegado hasta aquí puede haber ocurrido que busques información de qué es esto de las Merindades. Que seas de los que piensen y hayan experimentado que en el campo SIEMPRE pasan cosas. O que seas ya miembro de Punto y Aparte, nuestra casa rural, y nos ayudes a explicar lo que pasa, lo que siempre pasa por estos lares.

Sea cual sea tu motivo ¡Bienvenido a este lugar!

En la pasada edición de Intur (Feria de Turismo de Interior) se debatió este tema en los llamados microdebates. Imagino que el objetivo de este debate era plantear cómo relanzamos un sector que debido muchas veces a la nefasta intervención institucional, Castilla y León es el ejemplo paradigmático en este tema, se encuentra en una crisis estructural por sobreoferta. La solución sólo parece que pasa por una guerra de precios calcada de los hoteles por la dejación de su comercialización en touroperadores y no por el control del intrusismo y la ilegalidad consentida, por la clarificación normativa del sector por la promoción imaginativa de destinos, por la señalización de rutas, de caminos, de mapas….

El turismo rural, a mi enternder, es un poliedro que abarca desde los alojamientos, restaurantes, oficinas de turismo, señalización, horarios de apertura de sitios y lugares, mapas y un largo etc. Pero se toma la parte por el todo y el turismo rural son los alojamientos rurales. Y así es fácil el siguiente paso: el problema del sector somos los establecimientos. Se nos dice que escuchamos poco a nuestros clientes, que adolecemos de profesionalidad, que no podemos ofertar sólo pernoctar en el campo, que debemos especializarnos, modernizarnos o arcaizarnos (todo al mismo tiempo o depende de lo que marque la subvención europea: calidad, centrales de reservas, grupo trino, ninfa…).

Yo no digo que no a nada. Pero honestamente estoy un poco cansada de que los vientos del turismo rural estén en mofletes de personas que muchas veces ni siquiera conocen el sector, aunque vivan de él y que muchas veces lo perjudican.

Siempre que se plantea el tema de lo rural y lo urbano en el turismo rural se hace con un cierto tono de reproche, como si las personas que hemos nacido en la ciudad fuéramos intrusos en lo rural y estuviéramos desvirtuando un mundo idílico hacia la “hotelización”, permitaseme la expresión o bien todo lo contrario.

Hace unos años, no demasiados, muchos teníamos un pueblo. Nuestra niñez, nuestras vacaciones, nuestros recuerdos incluso familiares estaban unidos al campo.El olor de la cocina de nuestra abuela que todavía embotaba aunque viviera en una ciudad, cocinaba alubias sin olla, y almacenaba aceite, chorizo y jamón como si fuera a volver la guerra permanecen en nuestro recuerdo. Las vacaciones en el pueblo, las tormentas, el olor de la tierra, las reuniones desgranando habas, los huevos comidos directamente del gallinero, las inmensas siestas de los adultos crearon un imaginario que muchos tratan, tratamos de revivir.

Nuestros clientes, es una opinión, son personas como yo con esos recuerdos, pero también las que ya no tienen pueblo o que no lo han tenido nunca. Personas que viven en ciudades y que siguen pensando que el contacto con la naturaleza, el silencio, el arte o simplemente el no hacer nada son logros suficientes para un fin de semana.

El único estudio en torno a los deseos de los viajeros lo hizo un afamado portal de internet. Curiosamente lo que más valoraban los usuarios era la limpieza, la tranquilidad, el trato cercano y lo que menos las actividades que se oferten.…en fin cosas que constatamos los que vivimos de esto en el día a día con nuestros huéspedes. Sin embargo los próceres del turismo nos dicen que debemos vender “paquetes” Es decir, que el señor que venga a casa se asemeje a un japonés que quiere ver 7 ciudades europeas en 3 días o que se le organice actividad tras actividad (tirolina, avistamiento de animales como por encargo, juegos de rol o lo que sea)…agotador, y luego en casa, con la cámara ver en fotos lo que no ha visto en el sitio.

Cuando íbamos a casa de los abuelos, nuestras propias casas no eran mucho mejores que las de los pueblos. Estufas, bañeras, poca luz, espacios pequeños. Pero ahora vivimos en lugares confortables, la mayoría con cómodos utensilios, con camas con canapés y edredones, duchas, calefacción y acceso a internet. Y lógicamente no pagaríamos por ir a lugares peores que nuestras propias casas. Así pues no se debe criticar que las casas rurales tratemos de ofrecer al viajero, al menos, lo que tienen en sus casa. Lo rural, lo más rural no es sinónimo de rústico. De hecho eso denota que los que hablan no viven en pueblos. En el mío hay conexión a internet, todos tienen televisión/es, calefacción y arcones congeladores, muebles cómodos y modernos, porque la antigüedad y lo rústico no son la mesa camilla, ni las trillas de mesa (por cierto no conozco un sólo campesino que lo tenga en casa)

En el turismo rural hay de todo. Como de todo hay entre nuestros clientes. Y separar el polvo de la paja comienza por no plantear debates a bulto que no ayudan sino que enturbian el difícil universo del turismo.Cuando se plantean debates como este yo siempre me pregunto si cuando hablan de turismo rural lo hacen de las casas de alquiler completo donde en general (y en todo hay excepciones, que no se enfade nadie) los propietarios se limitan casi a la entrega de llaves y recogida de las mismas, donde hay propietarios que regentan 3 o más casas y algunos ni viven en los pueblos o si se refieren a las casas de alquiler por habitaciones que tratamos con nuestros clientes ofreciéndoles conocimiento de la zona, rutas, desayunos y cenas donde tratamos de promocionar los productos locales y de nuestras propias huertas. Que vivimos en esas mismas casas y participamos en el día a día de nuestros pueblos y comarcas. No digo que sea mejor, digo que es diferente. Y entonces pregunto…¿De qué hablan ellos cuando hablan de turismo rural? ¿Por qué hablan tan a bulto? Me pregunto muchas cosas.

 

La crisis y el miedo

Corren difíciles tiempos para el sosiego y la alegría. Nos taparon la boca en invierno con mascarillas por aquello de la gripe porcina o NHalgo y ahora nos la intentan cerrar con el miedo a todo y a todos: a la crisis económica, al paro, a la inmigración, al vecino, a la ruptura del país. La gripe no vino, pero no importa. Los responsables de la crisis: los especuladores siguen especulando, no importa. Nada se ha roto: no importa. Lo importante es temer. El miedo que atenace y que requiera un salvador, un superhéroe. Y siempre habrá alguien que se aproveche del miedo.

Si no es mentira, como otros poemas atribuidos a gente que no los escribieron, Victor Hugo escribió algo así como: «Te deseo que acaricies un perro, alimentes a un pájaro y oigas a un jilguero erguir triunfante su canto matinal, porque de esta manera, sentirás bien por nada.». No necesitamos gran cosa para sentirnos bien y si un gran despliegue de medios y propagandas para conseguir lo contrario.

El otro día en la radio hablaban de una encuesta (no se qué día ni qué radio, ni qué encuesta pero sí recuerdo que realizada por empresa solvente…una es así con los datos, pero no es lo que importa) que reflejaba que el 70% de los españoles considera la situación económica general como mala o muy mala. En esa misma encuesta también se juzgaba la percepción respecto a su situación económica personal que curiosamente era valorada por el 75% como buena. Indudablemente hay gente que lo está pasando fatal pero el dato invita a la reflexión ¿no?

Os deseo que disfrutéis de un buen paseo por el campo, que os paréis a escuchar los pájaros, a  gozar de una charla y si es buena, mejor, de vuestro perro, de vuestra soledad o vuestra compañía. Y si os dan morcilla que sea de Burgos. Y si no os la dan veniros a Bocos que os la serviremos con mucha alegría y, eso sí, un buen vaso de vino, que otra frase célebre dicta que la vida es muy corta para beber mal vino.

A los que se empeñan es destrozarnos la esperanza y el optimismo, también lo dijo, creo, Edison: «Los que piensan que es imposible no deberían molestar a los que lo estamos intentando».

Parece que ha pasado el mal tiempo. El campo está lleno de tractores que se afanan en cortar la hierba ¡por fín pueden! Llevan desde el lunes mañana, tarde y noche. El miedo de que llueva y estropee la hierba que está cortada, tendida secándose al sol hace que que el trabajo sea incesante.

Un espectáculo digno de verse.

Los pájaros: cigüeñas, milanos reales y negros, águilas culebreras y un sin fin de otros pequeños, grande y medianos sigue y sobrevuelan a los tractores. Los insectos, los ratoncillos, las culebras quedan en segundos al descubierto. Un festín para ellos y un verdadero placer para nuestros ojos. Parece que el ser humano, con sus máquinas y sus inventos forman parte de una cadena alimenticia impensable pero absolutamente eficaz.

Otros pájaros anidan en nuestra casa y entre nuestras tejas. Un nido de colirojos han elegido las vigas de nuestro porche para su ruidosa prole. Muy graciosos. Sacan la cabeza peluda y su pico naranja y arman un estruendo nada proporcionado a su tamaño. Madre y padre…pobres…no hacen más que ir y venir por comida y esperan pacientes en la valla a que estemos a una, ellos entienden, prudente distancia. Compartimos espacio, pero sin mezclarnos.

Hoy me he asonado al nido y he observado tres, para mi gusto y para el tamaño del nido, tremendos polluelos (no eran de cuco usurpador). He pensado que a lo peor tanto contacto con los humanos ha hecho que adopten esa terrible costumbre nuestra de no irse nunca del nido…tengo que hablarlo con señor y señora colirojos. Hasta ahí podíamos llegar.

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